El servicio está abierto, el restaurante está full,... y entonces empiezan a llegar las comandas con los pedidos especiales. Papas al horno en lugar de papas fritas, ensalada en lugar de judías verdes, la espuma de leche deslactosada. Todo esto cuesta un tiempo que nadie tiene en la hora pico. Pero si se ven los pedidos especiales como una oportunidad y no como un castigo, al menos se tiene una ventaja emocional. Y con el equipo adecuado en la cocina del restaurante, también se tiene la ventaja de que la carga de trabajo se reduce al mínimo.
Cuando los comensales cambian los ingredientes de los menús creados con cariño hasta que la idea original ya no es reconocible, no sólo el chef pierde su alegría, sino que esto también perturba considerablemente los procesos normales de la cocina. Por otra parte, las encuestas muestran que el 56% de los comensales desearía tener más flexibilidad en la elección de los ingredientes. Los motivos son, por ejemplo, las intolerancias alimentarias o simplemente que no les gusten ciertas cosas. Teniendo en cuenta que el 67% de los encuestados afirma que no volvería a visitar un restaurante si no se tuvieran en cuenta sus preferencias, es importante tener en cuenta cómo gestionar las peticiones especiales.


